
Doy lo mejor de mí en todo lo que hago. Me tomo mi trabajo como
una vocación, no como una profesión. Me educaron bajo una única
doctrina: tenía que ser el mejor en todo, el número uno. El triunfo
no es para los perdedores ni para los segundones. He seguido estas
premisas como un devoto sigue los mandatos de su religión y me ha
ido bien, muy bien: he visto recompensada mi fe. Soy una estrella.
Un actor de reconocido prestigio en el panorama nacional e
internacional.
Obtuve mi primer papel al estar en el lugar adecuado y en el
momento preciso. Me había presentado a más de un casting con la
finalidad de estudiar la mejor manera de introducirme en el
mundillo. Pronto fui consciente de que tendría que hacerme notar
para que me tuvieran en cuenta. Yo, que nunca había sido de salir
mucho, comencé a frecuentar los bares de moda donde alternaba la
gente de la profesión. El primer paso es dejarse ver, y mi físico y
mi labia fueron determinantes para que no me costara mucho hacer
contactos. Soy el típico canalla con cara de no haber roto un plato
en su vida; hablador, pero sin parecer un charlatán; de los que
caen en gracia sin ser graciosos. Una de esas noches que se
alargaban hasta el amanecer, me llegó el chivatazo de que se
estaban seleccionando actores secundarios para una serie de
televisión. Acabé llevándome a la cama a una ayudante de la
directora, que participaría en la audición dos días después. Debió
quedar satisfecha porque me coló entre los aspirantes. Sabía que no
tendría otra oportunidad como aquella, así que decidí saltarme el
guión e imprimir más realismo a la escena. Se trataba de una
discusión que sucedía en segundo plano: mi coche colisionaba contra
el de otro tipo en un semáforo. Los dos salíamos como energúmenos y
nos enzarzábamos en una discusión sin llegar a las manos. La cara
de los allí presentes mudó del aburrimiento a una mueca de sorpresa
cuando me vieron emerger del coche con una barra de sujeción del
volante en las manos. Me dirigí hacia el otro actor y le amenacé
con el hierro. Su rostro reflejó el terror más absoluto. Por un
instante, parecía que una mano invisible hubiera pulsado el botón
de pausa: nadie se movía, nadie hablaba, nadie respiraba. Bajé la
mano y golpeé con violencia el capó del coche. Un grito ahogado se
escuchó en toda la sala. Tiré la barra y me dirigí de nuevo al
vehículo. Conseguí el papel.
De las series pasé al cine por la puerta grande. Lo compaginaba con
alguna obra de teatro de renombre, por aquello de estar en contacto
con lo que los expertos consideran la esencia y el germen de la
actuación, pero a mí me gusta más la gran...

Veniss Soterrada / Jeff Vandermeer
Editorial: La Factoría de Ideas
Páginas: 253
Ser de provincias tiene sus inconvenientes. Para empezar,
siempre te enteras de todo una vez ya ha ocurrido. Movimientos,
autores, derrotas y victorias. Todo te llega en el después. Y si
además cuentas con un mercado editorial precario para tu paladar
literario, cuyas escasas novedades en los caladeros que te
interesan son las cuatro o cinco capturas de siempre, la cosa se
complica. Y sin embargo, es posible encontrarse aún con títulos del
máximo interés si uno busca lo suficiente. Títulos como Veniss
Soterrada.
Antes de hablar de la novela en cuestión,
hay que hablar de su autor, Jeff Vandermeer
y de la corriente en que se inscribe. Vandermeer se ha convertido
en uno de los máximos adalides, por no decir el máximo, de la
literatura fantástica underground. Junto a su mujer, Ann Vandermeer,
se ha encargado de vigorizar el fantástico más alternativo en lo
que puede describirse como una edad de plata que trata de emular y
evolucionar la vivida en el tránsito del S. XIX al S. XX con la
Weird Fiction abanderada por Lovecraft y compañía. Tanto
con el magazine Weird Tales como con las antologías
Steampunk 1 & 2 & 3, Leviathan 1 & 2 &
3 o New Weird, los Vandermeer se han constituido como
la referencia a la hora de buscar este tipo literatura.
¿Pero qué entendemos cuando hablamos de
New
Weird ? Para Jeff Vandermeer, el New Weird, tal y
como indica en su prólogo de la antología homónima, se define así:
“Un tipo de fantasía urbana y secundaria que subvierte las ideas
románticas encontradas tradicionalmente en la fantasía,
principalmente por escoger modelos de mundos realistas y complejos
como el punto de partida para jugar con unos elementos que pueden
combinar tanto ciencia ficción como la fantasía”.
Veniss Soterrada es un ejemplo
perfecto de este cóctel. En ella se intersectan tres personajes: un
artista yonki desnortado, su hermana y el exnovio de esta. La
ciudad que acoge su drama, de tintes minimalistas, es una suerte de
evolución de la megametrópolis que...

Otro viernes más, 2x1 en viñetas Paraíso4 & Sarasa y Vicioso.
Puedes ver la otra viñeta del 2x1 aquí:
http://www.sarasayvicioso.com/

Son casi las tres de la mañana: hace frío y nadie habla demasiado. Estamos en Madrid, en la montaña del Príncipe Pío. Madrugada del Cuatro de Mayo. Pero dentro de un rato, estaremos a doscientos cinco años de aquí. Mismo lugar, diferente contexto. Madrid, 1808. Tres de Mayo. Gente real murió aquí, fusilados por el ejército francés. Nosotros, la compañía teatral The Grave Road. Ellos, las personas que pasaron a la historia por lanzarse a la muerte buscando defender su libertad. Es una manera de verlo. Otra manera de verlo es que Madrid 1808: Nosotros Ellos es la obra teatral, escrita por Edduardo Viera, que se estrenará en el teatro Caser Calderón de Madrid. Pero esta noche, los actores caminamos por el lugar donde la historia se escribió. Vamos a recrear lo que ocurrió, porque después tendremos que hacerlo sobre un escenario. Porque la mejor forma de entrar en un personaje, es transformarse en el personaje. Uno de mis compañeros, otro soldado francés llamado Manuel, me dice:
- Aquel día llovía. Lo tenían más jodido que nosotros.
Y yo asiento. Aquel día todos lo tuvieron mucho más jodido. Jorge Ferrer, que interpreta a Luis, el chispero, no dice nada. Tal vez piense que dentro de poco, va a morir. No él, su personaje. Pero mira al suelo mientras ascendemos por un camino poco iluminado, con la silueta de un Madrid soñoliento al fondo. Con los árboles formando un murmullo de tensión a cada soplido del viento. Edduardo Viera, al frente de la compañía, avanzando por la cuesta y mirando cada rincón. Tiene la mirada perdida, tal vez en aquella época. Tal vez, cuando lleguemos a lo alto del parque, lo que una vez fue la colina, nos encontremos todos en ese mismo momento. Edduardo dice:
- Pensad en lo que pensaban aquellas personas al andar por aquí.
Dice:
- Ellos se levantaron aquella mañana y no pensaron que fuese la última vez que pisarían este mundo.
Y todos aguantamos un escalofrío. Pregúntate qué te dirías a ti mismo si fueses a morir. Si un día te levantas, y te encuentras con que es la última vez que caminas. Que respiras. Que ves el sol o que das un beso. A mi lado, Cristina Chillarón resopla y su boca se tuerce en un llanto que no se deja ver. Dice:
- Pensar que tuvieron que andar todo este camino antes de que los fusilasen...
Y yo extiendo mi brazo alrededor de ella pensando que, cuando lleguemos al final del sendero, yo me transformaré


















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